Narra Chloë
Los muros de Royal Herd ya no se sentían como un refugio.
Cada puerta cerrada, cada susurro detenido al pasar, se sentía como un juicio. Como un encierro.
Mi vientre crecía a un ritmo extraño. Elion, mi hijo no nacido, parecía expandir no solo mi cuerpo, sino también mi percepción.
Podía sentir las emociones de quienes me rodeaban como si fueran ecos en una caverna profunda.
Y cada día, la oscuridad se acercaba un poco más.
—No puedes seguir así, Chloë —dijo mi madre esa mañana, mie