Narra Abel
La luna llena colgaba pesada en el cielo, teñida de un tono rojizo que parecía presagio. Desde lo alto de la colina, la frontera entre Blood Moon y las tierras libres se extendía como una cicatriz abierta, un recordatorio de que las sombras nunca habían dejado de avanzar.
Inspiré profundamente. El aire olía a hierro, a cenizas... a sangre próxima.
La promesa de Thomas resonaba en mi mente.
"El trono será tuyo, Abel. Pero primero, deja que la oscuridad haga lo suyo."
No confiaba en él