y cada día me repetía a mí misma como un mantra desesperado y como un escudo protector contra la desesperación que no necesitaba a nadie para salir a flote para sobrevivir.
Mucho menos a él mi carcelero, la empleada encargada de su nuevo guardarropa debería llegar en cualquier momento añadió la mujer consultando su reloj de pulsera con el ceño fruncido denotando impaciencia su rostro severo carente de calidez No mostraba ni un ápice de simpatía de comprensión.
_Ya debería estar aquí!!!
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