Alejandro
La casa estaba inusualmente silenciosa para ser tan temprano el sol apenas se filtraba por las ventanas altas del comedor iluminando con matices dorados la madera pulida de la mesa principal.
Ell café humeaba en mi taza fuerte y amargo tal como lo necesitaba, después de la noche que habíamos compartido o sufrido según se mire porque ahí me había rozado dormida porque había sentido su cuerpo hablando y caliente contra el mío su respiración errática sus caderas buscándome incluso entr