Él sabe mi verdadera identidad.
La sorpresa de los presentes fue tan evidente que, por un segundo, el salón pareció quedarse sin aire.
Hasta Caleb, que solía mantenerse al margen de los dramas ajenos, se quedó quieto, con esa expresión rara de “¿qué acabo de escuchar?” que no se le veía a menudo.
Helen, a un lado de Emma, bajó la vista al celular como si quisiera comprobar que lo que acababan de anunciar no era una broma de mal gusto en alguna alerta de prensa.