Emma colgó la llamada con Rubén Luna y se quedó un segundo mirando la pantalla, como si el teléfono pudiera devolverle el control que el mundo le estaba arrebatando a la fuerza.
Tenía la garganta apretada y un pulso incómodo en la sien, pero sus manos no temblaban; no ahora.
Si Damián había decidido convertir su divorcio en un circo para limpiarse la imagen, entonces ella iba a devolverle el golpe con el único lenguaje que ese tipo de hombres entendían: evidencia.
Se sentó en el borde de la cama, tomó la laptop y abrió el correo. Adjuntó la información que había reunido con la paciencia de quien ya no llora, sino que clasifica.
Capturas, fechas, mensajes, y al final, la fotografía que Lydia le había enviado, esa que le había roto el estómago la noche anterior y que ahora se sentía distinta en su carpeta, como una cuchilla afilada que por fin estaba apuntando hacia donde debía.
Apretó los labios mientras el