Emma colgó la llamada con Rubén Luna y se quedó un segundo mirando la pantalla, como si el teléfono pudiera devolverle el control que el mundo le estaba arrebatando a la fuerza.
Tenía la garganta apretada y un pulso incómodo en la sien, pero sus manos no temblaban; no ahora.
Si Damián había decidido convertir su divorcio en un circo para limpiarse la imagen, entonces ella iba a devolverle el golpe con el único lenguaje que ese tipo de hombres entendían: evidencia