Emma no soportaba ni un segundo la presencia de Damián y mucho menos ahí, en la que una vez fue su casa.
Emma apretó la correa del bolso contra su hombro y se obligó a caminar con el mismo ritmo de siempre, ese que usaba cuando no quería que nadie notara que por dentro le temblaba algo.
No esperó respuesta de Dante. No la necesitaba.
Solo quería salir de esa casa, llegar a la camioneta donde la esperaba Mateo, que se había ofrecid