Emma tardó un segundo en reaccionar.
La pregunta de Dante no solo la descolocó, le removió algo más profundo, como si le hubieran puesto el dedo justo encima de una cicatriz que ella juraba que ya no dolía.
Se movió en el sofá, incómoda, y se obligó a mantener el rostro neutro, aunque por dentro le subiera ese impulso antiguo de cerrar la conversación y salir por la puerta más cercana.
No quería hablar del pasado. Muc