Sienna no podía dejar de mirar la pantalla de su celular.
Cada minuto que pasaba se sentía más largo que el anterior.
Había abierto el chat de Emma tantas veces que ya casi podía memorizar el último mensaje, la hora exacta, los dos checks inexistentes y esa sensación horrible de que algo no estaba bien.
Emma le había escrito avisándole que ya venían.
Eso había sido hacía dos horas.