La mano de Emma tembló y por poco dejó caer el celular al suelo. Fue un instante mínimo, pero el cuerpo lo vivió como si alguien le hubiera jalado el piso.
Sintió el frío recorrerle la espalda, erizándole la piel con una precisión cruel, y el estómago se le revolvió tanto que tuvo que tragar saliva varias veces para no devolver todo lo que había comido en el día.
Miró a Emmanuel, todavía en brazos de Marta, con la cabeza recostada en su homb