Emma supo de inmediato que su padre se refería a Hartley Group.
A esa silla que ahora el mundo entero observaba con lupa, esperando que la llenara con una perfección casi inhumana.
No se sentía “lista” en el sentido romántico y cinematográfico que tanto le gustaba vender a la prensa, pero sí se sentía capaz.
Había estudiado, había trabajado, había sobrevivido a un matrimonio que la apagó en silencio, sin escándalos ni testigos.
Y a