Ellos mismos lo buscaron.

Su cuerpo quiso relajarse con esa frase de Rubén.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Ganaste la batalla.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Sonaba bien. Sonaba a cierre. Sonaba a justicia.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Pero no.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Emma volvió a leer el mensaje, sintiendo cómo la lucidez le apretaba el estómago, y esa calma que había logrado sostener se le acomodó en otro lugar, más frío, más útil.‎‍‍‍‍‍‎ ‎‍‍‍‍‍‎

Había ganado una simple batalla, sí, la primera, la que te hace creer que el enemigo se va a rendir por v
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