Todo por su paz mental.
Emma la miró con cara de pocos amigos, porque no hacía falta que se lo recordaran cuando lo veía todos los días con una claridad casi ofensiva.
Emmanuel tenía demasiado de Damián, en los ojos verdes que parecían siempre un paso adelante, en la manera en que fruncía la nariz cuando algo no le gustaba, incluso en ese silencio breve que se le instalaba cuando se concentraba, como si el mundo tuviera que esperar a que él decidiera qué hacer.
Al menos había heredado su nariz y sus labios, y por algún motivo eso le daba paz, como si el universo hubiera tenido el descaro de dejarle algo a ella también.
—Gracias por recordármelo, no había caído en cuenta de ello —soltó con un tono tan irónico que se sostuvo apenas de un hilo.
Sienna se rió con ganas y, como si su misión en esta vida fuera no tomarse nada demasiado en serio, tomó la mano libre de Emmanuel para hacerlo participar en su t