Todo por su paz mental.
Emma la miró con cara de pocos amigos, porque no hacía falta que se lo recordaran cuando lo veía todos los días con una claridad casi ofensiva.
Emmanuel tenía demasiado de Damián, en los ojos verdes que parecían siempre un paso adelante, en la manera en que fruncía la nariz cuando algo no le gustaba, incluso en ese silencio breve que se le instalaba cuando se concentraba, como si el mundo tuviera que esperar a que él decidiera qué hacer.
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