Sienna se quedó congelada con las manos todavía cerca de la boca, como si pudiera volver a tragarse la frase que ya había soltado.
Emma, en cambio, no se movió de inmediato.
Se quedó con la mirada fija en Caleb, con esa calma deliberada que ya había aprendido a ponerse como armadura cuando el mundo intentaba empujarla contra la pared.
Porque eso era lo que acababa de pasar.
Una palabra. Un descuido. Y el aire cambió.
Caleb estaba en el marco de la puerta con una carpeta en la mano, el traje impecable, el gesto contenido… pero en los ojos se le veía la sorpresa real, la de alguien a quien le acaban de mostrar una verdad sin preparación previa.
—¿A qué se refieren cuando dicen en su estado? —volvió a preguntar como si quisiera asegurarse de que había escuchado bien.
Sienna reaccionó primero, enderezándose en la silla con un dramatism