Romance clandestino.
Emma volvió a la mesa con naturalidad, justo cuando el desfile llegó a su fin.
O, al menos, con toda la naturalidad que podía fingir una mujer que acababa de escuchar a una modelo confesar por teléfono que estaba trabajando para Caleb Miller desde prisión.
Se había asegurado de que Miranda no se percatara de su presencia, ni de que había escuchado aquella conversación donde dejaba en evidencia sus malas intenciones y los planes que Caleb tod