El que es no deja de ser.
Valeria palideció al ver a Emma Hartley llegar.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

La pobre parecía que en cualquier momento iba a desmayarse.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

—S… sí, señorita Hartley, disculpe las molestias causadas. Vamos, Miranda.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Valeria tartamudeaba torpemente mientras tomaba con prisa el brazo de Miranda, intentando tirar de ella y desaparecer en menos de un segundo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Emma la detuvo antes de que siquiera dieran un paso.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏
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