Qué linda familia.
Antes de que Emma pudiera decirle cualquier cosa a Emmanuel, la presencia que apareció en la entrada de la oficina le heló la sangre.
Caleb.
Fue tan instintivo que ni siquiera lo pensó cuando alzó a Emmanuel en brazos y lo apretó contra su pecho como si con ese simple gesto pudiera blindarlo del veneno que traía aquel hombre pegado a la sonrisa.
—Oh, aquí están.