Caleb ni siquiera alcanzó a terminar su frase venenosa.
En un instante, Damián soltó a Emma y cruzó la oficina con el rostro encendido de furia. Llegó hasta el escritorio y lo agarró de la camisa con una violencia tan brusca que lo obligó a levantarse de la silla de Mateo de un tirón.
—Te tengo noticias, para suerte de Emmanuel, no eres su padre.
La voz de Damián salió tan fría que a Emma se le erizó la piel.