Todos estamos en peligro.
El equipo de búsqueda había aumentado de manera considerable y, aun así, seguían sin aparecer rastros de Peter ni de Margaret después de más de treinta y cinco horas desde el accidente.
Treinta y cinco horas.
Emma repetía esa cifra en su cabeza como si, al hacerlo, fuera a encontrarle algún sentido a la pesadilla, pero no lo encontraba.
Nada encajaba.
No podía entender cómo era p