Nueva York significaba Blackwood.
Emma se quedó quieta en su silla, con la espalda rígida y la mirada fija en su padre, como si estuviera esperando que en cualquier segundo él aclarara que todo era una broma de mal gusto o un malentendido administrativo.
Intentó atribuirlo al cansancio del viaje, a la emoción del reencuentro, a cualquier cosa que sonara lógica, aunque la expresión de Peter no le dio espacio para esa ilusión.
Se veía serio, sí, y al mismo tiempo tenía ese brillo animado en los ojos que solo le salía cuando ya había tomado una decisión y nadie, absolutamente nadie, iba a moverlo de ahí.
Margaret, a su lado, no parecía sorprendida, más bien parecía cómplice, como si ese plan hubiera sido discutido con calma durante la mitad de esas vacaciones.
¿Cómo podían hacerle eso?
Peter era el primero que entendía lo que significaba Nueva York, y no solo por la ciudad, sino por lo que r