No siempre se tiene lo que se quiere.
Caleb tomó asiento y dejó el tema inconcluso, como si hubiese puesto una carpeta sobre la mesa y, por educación, fingiera que no estaba ahí.
Sin embargo, para Emma fue imposible no escucharse por dentro repitiendo lo último que él le dijo, esa idea de cerrar un ciclo como si se tratara de un trámite simple, con firma y sello.
Porque, siendo honestos, lo único que podía “cerrar” de verdad algo así sería hablando con Damián, y Emma no tenía n