Nadie decide de quién enamorarse.
Emmanuel jugaba despreocupado con los juguetes nuevos que Peter le había regalado, tan ajeno al peligro que seguía girando alrededor de su nombre que, por momentos, Emma sentía que la injusticia le apretaba el pecho con más fuerza que el miedo.
Lo miró desde la orilla de la cama, con esa mezcla de ternura y dolor que solo una madre conoce cuando entiende demasiado bien lo frágil que puede ser la infancia.
Le parecía injusto que, siendo tan peq