Tengo miedo.
Emma bebió el agua que Damián le ofreció tan rápido que por un segundo creyó que iba a atragantarse, pero fue lo único que encontró para apagar, aunque fuera un poco, los nervios que le hervían por dentro.
El vaso tembló apenas entre sus dedos antes de que lo dejara sobre el escritorio.
No pasó demasiado tiempo antes de que su pulso empezara a bajar, de que recuperara algo de aire y de que el mareo se estabilizara lo suficiente como para volv