Huele a amor.
Sus manos estaban ocupadas con el abrigo de Emma y su bolso, como si hubiera adivinado, desde el primer segundo, que ella iba a querer irse.
—¿Estás bien? ¿No te comieron viva?
Emma negó con rapidez, respirando más hondo ahora que lo tenía cerca.
Detrás de él, Sienna y Mateo se acercaban con cara de pocos amigos.
Sienna tenía las manos en la cintura como si estuviera lista para pelear con