Debes decírselo.
Emma apenas pudo probar bocado.
Tenía el tenedor en la mano y la comida frente a ella, pero su cabeza estaba en otra parte, rebotando entre demasiadas cosas al mismo tiempo.
Dante, el anuncio, el titular venenoso de la mañana, los planes nuevos de Peter que venían creciendo como una ola, y, por si fuera poco, el “periodista” cero discreto que seguía afuera, detrás del vidrio, fotografiando como si creyera que nadie dentro de la cafetería tenía