A pesar de haber salido del encierro, Nadia sentía que la opresión aún la seguía. En cuanto terminó de hacer varias de sus tareas, tomó su celular que había quedado abandonado en su habitación. Al encenderlo, la pantalla se iluminó con una cascada de notificaciones. Mensajes sin leer y llamadas perdidas. Todos de Rowan.
El corazón se le encogió y sintió un ligero nudo en el estómago. No había podido avisarle, no había tenido forma de hacerlo. Jared la había encerrado sin que nadie supiera, y Ro