C39: No quiero volver a oír una queja de ti.
La noche terminó por caer, y el reloj marcó que habían pasado casi tres horas desde que debería haberla visto. Entonces Rowan supo que ya no había vuelta atrás. Si mañana no recibía respuesta, si el teléfono seguía sin contestar, si los mensajes seguían sin entregarse... iba a ir. Aunque Jared le cerrara la puerta en la cara, aunque tuviera que entrar sin permiso.
A la mañana siguiente, el sonido metálico de la cerradura girando rompió el silencio de la habitación. Nadia, envuelta en una manta