Rowan pasó con Nadia el resto del día, observándola concentrada mientras trabajaba en sus pinturas, cumpliendo con los encargos que le habían encomendado en el Instituto de Bellas Artes. Se quedó a su lado, asegurándose de que nada interfiriera con su trabajo: le preparó la comida, le ofreció agua cada vez que parecía necesitarla y la asistió en todo lo que estuvo a su alcance. Durante esas horas, se ocupó de que cada acción suya fuera una ayuda, un apoyo que facilitara su jornada y que le perm