La tensión creció como una marea silenciosa. Nadia, temiendo que la situación escalara, lo tomó del brazo.
—Ya, basta. Ven conmigo —señaló. Luego giró hacia su compañero—. Tú adelántate, ya voy en un momento.
Sin esperar respuesta, tiró ligeramente del brazo de Rowan y lo condujo hacia la salida del instituto, con pasos rápidos que parecían buscar escapar del epicentro del conflicto.
Una vez fuera, se giró hacia él con el ceño fruncido y la respiración un poco agitada, más por la indignación qu