Romero apretó los labios antes de responder. Había un conflicto visible en su rostro: la promesa que le había hecho a la muchacha contra la intimidante presencia del hombre que tenía enfrente.
—No puedo darle detalles —dijo al fin—, porque estaría faltando a mi palabra. Pero… dígame usted, señor Kohler… ¿quién querría quedarse aquí después de lo que le hicieron? Querían obligarla a casarse en contra su voluntad, y después de todo lo que sufrió con esa familia… ¿cree que iba a quedarse?
—Entonce