C115: No sigamos fingiendo.
A Rowan le escocía el alma al verla comportarse como si todo entre ellos hubiese sido un espejismo. Nadia lo miraba sin una sola grieta en el rostro, como si su historia juntos se hubiera disuelto entre las fisuras del suelo que pisaban. Hablaba con una indiferencia que no solo le molestaba: lo desquiciaba. Cada palabra de ella era como un portazo invisible que se le cerraba en el pecho.
No entendía. No lograba entender. Habían compartido tanto, se habían dicho tantas cosas. Habían tocado el ci