Despierto antes que él.
Liam duerme con el ceño ligeramente fruncido, como si incluso en sus sueños llevara el peso del mundo en los hombros. Su brazo me envuelve la cintura, posesivo, protector. El calor de su cuerpo aún me cubre como una promesa que no sé si podrá cumplir.
Anoche me sentí a salvo. Amada. Elegida.
Pero el sol siempre encuentra la manera de manchar las ilusiones.
Me levanto sin despertarlo, envuelta en la sábana. Camino descalza hasta el ventanal. La ciudad sigue ahí, impas