No hay música. No hay flashes. No hay filas de invitados murmurando entre sí.
Solo el sonido del viento entre los árboles del jardín interior del hospital. El aroma suave del jazmín que Camila insistió en que lleváramos. Y él… Liam… parado al final del pequeño sendero de piedra, esperándome como si el mundo se hubiera reducido a este instante.
La ceremonia no está en la portada de ninguna revista. No tiene escándalo ni titulares. Es íntima. Tan íntima que duele de tan honesta.
Camila lleva l