Zoé se ha ido a darse una ducha larga. La entiendo. Después de noches sin dormir, con Amelia despertando cada dos o tres horas y Camila reclamando atención, un rato para ella sola es un lujo. Así que me quedo en la sala con las dos mujeres más pequeñas y más poderosas que he conocido.
Amelia duerme en mis brazos, envuelta en una manta que huele a leche tibia y a algo que no sé describir… algo como hogar. Su respiración es tan suave que casi no la escucho, pero la siento. Cada pequeño movimiento