La notificación llega una mañana fría, cuando el sol apenas se filtra por las cortinas de nuestra habitación. Camila duerme en su cuarto, abrazada a uno de los peluches que Liam le regaló hace semanas. Yo estoy en la cocina preparando té de manzanilla. Siento los pies fríos, la espalda tensa… como si algo se acercara.
Y llega.
El sobre es beige, oficial. Y lo trae un mensajero con una expresión demasiado neutral. No hay necesidad de abrirlo para saber que no es una buena noticia. Lo presiento e