La habitación está sumida en un silencio apacible, casi sagrado, como si el mundo hubiera bajado el volumen solo para nosotros. Es de madrugada, otra vez. Una de esas horas en las que todos duermen, menos las madres.
Me acomodo con cuidado en la silla al lado de la cama. La luz tenue que entra por la ventana dibuja siluetas suaves sobre el rostro de Liam. Duerme boca arriba, con Amelia sobre su pecho, su manito del tamaño de una hoja pequeña apoyada justo sobre el corazón de su padre. Es una im