Nunca fui una santa. Lo sé.
Durante años me senté al lado de Clara en juntas de consejo, firmé documentos, fingí sonrisas y aplaudí discursos vacíos que ella redactaba entre una mentira y otra. La observé construir su imagen de benefactora mientras los cimientos estaban podridos por dentro. Lo supe… y no hice nada.
Hasta ahora.
Estoy sentada en la oficina de mi abogado, con los dedos temblando apenas, mientras firmo la entrega de todos los archivos: transferencias, auditorías, grabaciones. Clar