Everard miraba a su hija Emma hablando amenamente con los invitados a la elegante recepción de caridad que los Morgan organizaban cada año. Se movía entre aquellos millonarios como un pez en el agua, era como si hubiera nacido para ser parte de ellos, tenia incluso mejores habilidades sociales de las que poseía Helena. Nuevamente, aquel sentimiento de orgullo aparecía en su corazón, sin embargo, lo había reprimido tan repentinamente como había aparecido.
Acercándose a ella, noto la presencia de