El viaje a Santorini, Grecia, no era placentero bajo ninguna circunstancia. Gemma aún seguía derramando lágrimas de angustia por su adorada Emma. Conocía ya la historia que su amada hija le oculto. Emma había sacrificado mucho por ella, para pagar el precio que su salud le estaba exigiendo. Helena, su hija gemela de quien cruelmente la habían separado, yacía dormida a su lado en aquel vuelo de avión que le había pagado en primera clase, había rastros de lagrimas en sus mejillas, pues encarecida