Hildegard se había quedado perpleja ante aquella simple respuesta que la esposa de Dante le había dado después de presentarse, era como si aquella insignificante mujer, no se sintiera intimidada por ella. Había decidido presentarse con ella primero, antes de darle caza a Dante, y sintiéndose indignada, frunció el ceño para luego retirarse de allí sintiéndose de alguna manera humillada.
Emma miro a aquella hermosa mujer marchándose, suponía cuales eran sus intenciones, ella no era estúpida, sin