«La música siempre calmará a las fieras… incluso a las espirituales.»
O, al menos, eso era lo que siempre le habían recomendado a Roxana para apaciguar a los centinelas y otras criaturas. Por esa razón es que se encontraba, en ese momento, de pie, con un arpa pequeña en la mano, a escasos metros del busto que marcaba la tumba de su hermana, rodeada de centinelas que sobrevolaban por encima de su cabeza.
Mientras tanto, Lawrence y Audrey, se encontraban más allá, cerca de un roble, y, por insis