Desde su lugar, en la pérgola, Lilly podía ver como él cortaba en tiras aquel viejo vestido de seda que su madre había llevado puesto alguna vez. Distraída, estiró su mano por afuera de la barandilla corroborando que la lluvia parecía querer amainar.
Volvió la vista al frente, en su mente seguía rondando todas esas preguntas que no se había atrevido a hacerle, aunque fuera solo porque estaba esperando el momento oportuno para expresarla. Quizás, ese momento, al fin había llegado.
—Brishen…— l