Lo cierto era que todo ese dolor al que tanto había temido, nunca había llegado. Quizás, fuera porque ya estaba acostumbrado a los ataques de esos centinelas o, tal vez por una vez, ellos habían decidido ser bondadosos y no hacerle daño.
«¡Pero!¿A mí por qué me importa saber esto?¡Joder!»
Se dijo Lawrence tirado boca arriba en el suelo con los brazos abiertos, cual Cristo crucificado, mientras observaba, con resignado desinterés, la oscuridad abismal que lo tapaba. No, nada de eso le importab