Ana cortó el croissant. El cuchillo atravesó la masa hojaldrada. Dejó caer mantequilla sobre el plato de porcelana.
Mientras que Stephanie bebía su café negro, sin azúcar.
Sus ojos se fijaron en su madre, sentada del otro lado de la mesa.
Los ventanales daban al jardín perfectamente cuidado. Todo en la casa era perfecto. Inmaculado. No de un modo calidez hogareño.
—Eso es lo que me molesta. —Ana dejó el cuchillo. La mirada se le endureció—. Que siempre que mi hijo está con esa mujer, me ev