La enfermera entró corriendo en la habitación de Mía.
El monitor cardíaco emitía pitidos rápidos y erráticos.
Mía abrió los ojos de golpe.
Su corazón latía con fuerza descontrolada.
Cada latido retumbaba en sus oídos como un tambor de guerra.
El pecho le dolía.
La respiración se le entrecortaba.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz débil pero urgente.
La enfermera se acercó rápido.
Sus manos temblaban mientras ajustaba los cables y revisaba los signos vitales.
—Señora, intente calma