Eli cojeaba hacia la oscuridad.
La pierna herida le ardía con cada paso.
La sangre corría tibia por su pantalón.
No miró atrás.
Sus hombres lo seguían de cerca.
El vehículo esperaba a pocos metros.
Solo unos pasos más.
Solo unos segundos.
Y entonces—
Un disparo.
Seco.
Preciso.
La bala lo alcanzó en la espalda.
Eli se tambaleó.
El impacto lo obligó a caer de rodillas.
El dolor explotó en su cuerpo.
Caliente.
Punzante.
Profundo.
Uno de sus hombres se giró.
—