Las puertas de urgencias se cerraron detrás de la camilla.
Mía gritó. Otra contracción. Su cadera dolía, un dolor tan fuerte. Distinto a todos.
El doctor Méndez apareció de inmediato. Revisó el monitor. Frunció el ceño.
—Tiene veintinueve semanas —le recordó la enfermera mientras corría junto a la camilla.
El rostro del doctor se tensó.
—Preparen el quirófano. Ahora.
Mía lo escuchó. El pánico le cerró la garganta.
—No… es muy pronto… mis bebés…
—Vamos a hacer todo lo posible. —El doctor le puso