Mía se quedó en el sofá después de que Juliana se fue a su habitación.
El silencio de la casa la envolvió. Pesado. Opresivo.
Se llevó ambas manos al vientre. Los bebés se movieron. Pequeños golpecitos contra sus palmas.
—Lo siento —les susurró—. Lo siento mucho.
El miedo le apretaba el pecho. Le robaba el aire.
Adriel la estaba acosando.
Adriel había golpeado a Tomás.
Adriel la vigilaba.
Las palabras de Tomás resonaban en su cabeza. Una y otra vez.
—Ese tipo es peligroso.
—Cree que le pertenece