44 Miedo

Al día siguiente, Tomás dejó algunos asuntos pendientes de trabajo, todo con tal de llegar temprano.

Traía un ramo de rosas rojas en una mano. Y en la otra, una bolsa de papel con el logo de una tienda cara de bebés.

Tocó a la puerta con suavidad.

Juliana abrió. Lo miró con frialdad.

—¿Qué quieres?

Tomás alzó el ramo de flores.

—Vengo a disculparme.

Juliana no se movió del umbral.

—Justo ahora Mía descansa.

—Lo sé —respondió él; su concentración se posó en el osito estampado en la bolsa de bebé
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