Los días siguieron su curso. Monótonos. Predecibles.
Mía se levantaba. Comía. Descansaba. Volvía a comer. Y así hasta que la noche caía. Se sentía aprisionada, aunque no mencionaba nada al respecto.
Sentía que si hablaba de más sería una malagradecida. ¿De qué otra manera sobreviviría una embarazada coja?
Trató de convencerse de que las cosas mejorarían, pero esa opresión en el pecho no se iba. Se instaló ahí como una piedra. Pesada. Constante. Le robaba el aire en momentos inesperados.
Se sen